LEONARDO ALARCÓN, DE LOS CAMPOS DE CAÑAR A LA FISCALÍA QUE LLEGÓ A LA CIMA DE LA JUSTICIA SIN SALTARSE NINGÚN ESCALÓN

Detrás del cargo de fiscal general del Estado encargado hay una trayectoria de casi tres décadas que comenzó en el campo de Cañar, trabajando junto a su padre. El doctor Carlos Leonardo Alarcón Argudo —quien prefiere que lo llamen Leonardo— es hoy la figura más visible del sistema de justicia ecuatoriano. Pero su historia no comenzó en los estrados. Comenzó con el cuy cruzado, la papa bolona y la topografía de los terrenos de su tierra natal.

El doctor Alarcón nació en el cantón Cañar, provincia del Cañar, donde cursó sus estudios primarios en la escuela Martínez Andrade y el bachillerato en los colegios Calasanz y José Peralta. Vivió casi treinta años en su tierra natal antes de instalarse en Quito, ciudad que lo adoptó pero no reemplazó sus raíces.

“Nosotros no hemos nacido en cuna de oro”, relató el fiscal en entrevista con un medio digital reciente. Su padre es topógrafo y maestro jubilado, y desde pequeño lo llevó a trabajar en las mediciones de terrenos por los campos cañaris. Esas jornadas en el campo —donde los lugareños los recibían con cuy cruzado y papa bolona, platos típicos de la zona— forjaron en él, según sus propias palabras, el hábito del trabajo y la humildad. “Mis padres se sacrificaron para que pudiéramos ser profesionales. Eso nos enseñó a ser humildes y también, cuando toca actuar, actuar con firmeza y honestidad”.

Antes de los expedientes y las audiencias, Leonardo Alarcón fue mediocampista. Jugó en la selección del Deportivo Municipal del Cantón Cañar, equipo que en su época logró ascender a la categoría B del fútbol ecuatoriano. “Siempre fui más de creación”, recuerda con una sonrisa. Una definición que, quienes lo conocen, encuentran coherente con su estilo al frente de la Fiscalía: construir el caso desde la investigación, paso a paso, antes de llegar al remate.

Una carrera construida escalón por escalón, sin saltar ninguno

Después de estudiar Derecho en la Universidad Católica de Cuenca, el doctor Alarcón llegó a Quito en 2001 tras ejercer como Comisario Nacional de Policía en el cantón Cañar. En la capital encontró la oportunidad que marcaría el resto de su vida profesional: un concurso abierto en la Fiscalía General del Estado para asistente de fiscales. Ganó ese concurso. Y todos los que vinieron después.

Su ascenso en la institución siguió una línea recta y documentada:

Asistente de fiscal — primer concurso ganado en la Fiscalía General del Estado.

Secretario de fiscales — segundo concurso, ganado en 2010.

Agente fiscal en Quinindé, Esmeraldas — tercer concurso. Las vacantes en Quito estaban llenas. Aceptó sin dudar: «Por supuesto, mi ilusión es ser fiscal y me voy a trabajar». Esa etapa en la provincia fue, según él mismo, donde más aprendió y donde se forjó.

Fiscal de primera instancia en Quito — desde donde investigó y llevó hasta el llamamiento a juicio el caso de mayor impacto en la historia reciente del país: el denominado Caso Triple A.

Fiscal general del Estado encargado — designado en octubre de 2025, lleva más de nueve meses al frente de la institución.

“Desde que llegué a la Fiscalía, aprendí a actuar con honestidad y absoluta objetividad. No me debo a ninguna persona. Me debo a mí mismo, a mi conciencia y a la Fiscalía General del Estado”, afirmó.

Cuando se le pregunta para qué trabaja, la respuesta es concreta: “Gano un sueldo para pagar los estudios de mi hija y una casa que llevo hipotecada 25 años”. El mismo hombre que investiga casos de presunto enriquecimiento ilícito por millones de dólares vive, según su propio testimonio, con las deudas ordinarias de cualquier ecuatoriano de clase media.

A lo largo de su trayectoria, el doctor Alarcón ha repetido un principio que, dice, aprendió antes de entrar a la Fiscalía: cuando toca actuar, se actúa con firmeza. Hoy, frente a los casos más complejos de la historia judicial reciente —Triple A, Goleada, Sinohydro, Progen, Villavicencio—, mantiene esa postura.

“El perseguido ahora soy yo. Estoy siendo perseguido mediáticamente, por las redes sociales. Pero ningún caso se quedará en la impunidad hasta que yo esté de fiscal general encargado”, afirmó. Y añadió, con la misma sencillez con la que recuerda sus años en Cañar: “Yo no litigo con comunicados. Litigo en los estrados.”

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